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Manolo Preciado: “3 partidos, 9 puntos”

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Imagen: Real Sporting de Gijón

Gijón se prepara para una nueva batalla. A pesar de los malos resultados, de la falta de actitud por parte de algunos jugadores y, sobre todo, después de la mala gestión que lleva sufriendo nuestro club desde hace más de dos décadas, El Molinón será testigo de la última bala de los de Rubi para intentar, al menos, salvar la categoría. No es fácil, pero los aficionados siguen sin perder la esperanza de que ese 21 de mayo, el Sporting siga siendo equipo de Primera División.

Todo pasa por vencer a Las Palmas en el templo. Eso, y rezar para que el Leganés pinche contra “nuestro” Betis que es tan culpable de que el equipo esté en primera como cualquiera que haya vestido la camiseta rojiblanca. La vida del sportinguista no es sencilla en cuanto a fútbol se refiere, y nunca lo ha sido. Hace ya muchos años, Preciado, dentro de un avión con un equipo destrozado después de haber perdido en Almería y complicarse la permanencia sobremanera, escribió en un papel: “3 partidos, 9 puntos”.

Volver la vista atrás es algo doloroso para cualquier sportinguista actualmente. Quizás ya no hablemos de remontarnos a aquellos años donde se jugaban el liderato de Primera División, o un buen puesto en Europa; hablamos de aquellos tiempos en los que Manolo Preciado llevaba el timón de un equipo, y que evitaba que fuese a la deriva. Aunque no lo haya conseguido eternamente. 

Hace 8 años desde que el cántabro lanzase ese mensaje a su plantilla. 8 años en los que El Molinón no ha podido evitar llorar al final de cada campaña, de alegría, o de pena. Como aquel fatídico día en el que él apagó su luz dejando recuerdos imborrables para ese estadio al que dedicó gran parte de su vida.

En 2009, en aquel avión de vuelta para Gijón después de haber perdido una oportunidad de oro para mantener la categoría, Manolo supo que, siendo un equipo, todo se podía conseguir. Escribió ese mensaje, simple, conciso y muy lógico, que pasó por la mano de todos y cada uno de los integrantes de la platilla por aquel entonces: “3 partidos, 9 puntos”. Ese era el objetivo entonces para conseguir la permanencia en primera división, y ese vuelve a ser ahora el único clavo ardiendo al que agarrarse.

Quizás se confiase más en aquel equipo, probablemente porque estaba él como entrenador, y porque se sabía que su espíritu luchador nunca iba a abandonar la pelea. Hasta el último segundo del último partido iba a trabajar, a poner todo su empeño, toda su fuerza en que el Sporting se mantuviese un año más en la máxima categoría.

Las cosas este año son muy diferentes. No hay nada que represente al club como pasaba antaño: una directiva nefasta, una afición anestesiada, que parece que quiere recobrar la conciencia ahora que todo está prácticamente perdido, y unos jugadores que, a pesar de que muchos ponen el máximo, no tienen la calidad suficiente como para seguir ocupando un puesto en primera. Sin embargo, queda el sportinguismo, la mareona. Aún están las lágrimas de todos aquellos que vieron como su equipo tiraba a la basura cualquier oportunidad para dejar de sufrir. Y aún queda su espíritu, el de Manolo, el que nunca dejó de creer a pesar de que las circunstancias, en muchas ocasiones, hablaban de imposibles. 

Porque para él nunca hubo nada que no se pudiese cumplir, porque no quiso tirar la toalla a pesar de que pocos confiaban en él. El Sporting se lo debe, Gijón también. Debemos seguir confiando, porque “3 partidos, 9 puntos” y un poco de ayuda divina pueden hacer que sigamos disfrutando de la élite del fútbol español.

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