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Un portero de leyenda, Ablanedo II

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@Senen98
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No cabe duda de que la historia es lo más importante que tiene un club, y él es una de las partes fundamentales, un pilar básico si echamos la vista atrás. Ablanedo forma un recuerdo imborrable para cualquier aficionado sportinguista.

Fue el dueño y señor de la portería rojiblanca durante diecisiete temporadas. Años y años dedicado al club que demostraron que el Sporting es suyo, igual que de cualquier otro aficionado. Actualmente, tiene el mismo reconocimiento que Don Jesús Castro, es decir, es considerado como el mejor portero de la historia del club.

Sin embargo, a pesar de todo, Ablanedo II es querido en la ciudad por la fidelidad a sus colores. Con apenas diez años, llegó a Mareo para quedarse durante toda su carrera deportiva. Y eso, en una ciudad como Gijón, se valora.

Nueve años después de su ingreso en la ciudad deportiva, el portero pudo llegar al primer equipo, aunque no tuvo el protagonismo que quizás se merecía. Fue ya en la tercera temporada que disputó cuando se asentó en la titularidad, cuando se quedó en la portería rojiblanca para defenderla con todo lo que tenía (e incluso más).

Ese año, consiguió ganar el Trofeo Zamora, llegando a encajar apenas 22 tantos; al año siguiente, fueron 5 goles más, pero también le sirvió para llevarse de nuevo el premio. También fue internacional sub 21, dándole a la portería todo el protagonismo que se merece.

Después precedió un período de lesiones que, para desgracia de muchos sportinguistas, lo apartaron de los terrenos de juego. Fueron momentos duros, y falta de titularidad una vez recuperado. Conseguía llegar a la portería, pero una nueva lesión lo volvía a llevar a la grada. Los futbolistas están expuestos a ello, pero no cabe duda de que con Ablanedo, las lesiones fueron cuanto menos, injustas.

Además, es llamativo que tuvo que realizar el servicio militar obligatorio, allá por el año 91, algo que no le impidió volver a ganar el Zamora de esa temporada. Era único, y es probable que nunca vuelva a haber un portero como él vestido de rojiblanco.

No cabe duda de que reunía todas y cada una de las características que Gijón quiere. Un chaval de la casa, un niño que creció con el escudo del Sporting en el pecho, y que ha querido al club como cualquier otro aficionado. Fue fiel al rojiblanco, algo que muy pocos jugadores pueden decir. Y eso sólo se hace si sientes de verdad los colores, y más aún cuando eres un portero a un nivel tan alto, y en la época dorada de Maceda o Joaquín.

Pero llegó el descenso, la llegada a una realidad que se quedó durante muchos años, y que llevó a todo El Molinón a un infierno constante. Una temporada para olvidar. Mi padre, al igual que muchos otros de los que han vivido en esta época, no quieren ni siquiera escuchar hablar de ese año nefasto.

Ablanedo recibía goles por todos los sitios, y la solución, a pesar de no haber sido la más acertada, fue la sustitución del portero: fue enviado al banquillo sin remisión. Y a partir de ahí, su final estaba muy cerca. Muy pocos partidos más fueron los que disputó: un año más tarde colgó los guantes habiendo permanecido en el equipo de su vida durante diecisiete temporadas en las que vivió lo más maravilloso del fútbol, y también lo más duro.


 

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